La Administración de la Cultura como Profesión

Quiero iniciar esta ponencia diciendo que me duele ver de qué manera se dilapidan los pocos recursos que hay para ser destinados a programas culturales en todo nuestro país. Con claridad meridiana se ve que en México no existen políticas culturales definidas. Existen muchos eventos, quizás demasiados eventos, pero estos no tienen un fin preciso. Con esto quiero decir que no se tiene un rumbo claro, no se sabe a dónde queremos llegar en cinco, diez o veinte años. Pareciera que lo importante es hacer eventos y más eventos y más eventos para que se vea que en el país se hacen muchos eventos culturales diarios sin tomar en cuenta los beneficios socio-culturales que se pudieran lograr teniendo políticas culturales bien definidas. Para mí esto es una muestra de que lo único que hacen los gobiernos cuando hablan de favorecer a la Cultura, es otorgarle más recursos a las Secretarías de Cultura, es decir abrir la cartera para que cada día haya más eventos. Al pueblo pan y circo. Cuando hace un poco más de un año se le preguntó a un gobernador acerca de las políticas culturales de su Estado, su respuesta fue: La cultura no tiene que ver con la política. Lo único que significa es que no existen políticas culturales del Estado. Si estoy equivocado, me gustaría que me muestren el documento publicado en donde se enumeren dichas políticas. Durante las últimas dos administraciones yo les he insistido sobremanera a diversas autoridades que lo que deben hacer para generar recursos a las ciudades es replantear objetivos y hacer ambiciosos programas de oferta cultural, mejorar sustancialmente la calidad de sus museos, renovar sus instalaciones, su museografía, sus guiones museográficos, ampliar la red de museos, transformar sus mejores espacios  en majestuosas salas de exposiciones internacionales de gran envergadura. Esto las metería en el mapa mundial. Traer exposiciones de Rembrandt, de Velásquez, de Caravaggio, de Monet, de Dalí, de los artistas más taquilleros, pero hacerlo a conciencia. Capturar a los cinco millones de turistas nacionales potenciales y a otros tantos del extranjero. Una buena oferta cultural garantiza la llegada de turismo cultural educado mismo que dejaría una derrama económica a las ciudades que se traduce en más empleo y mejores ingresos para todos. Morelia en cuanto a su Patrimonio Cultural edificado resulta mucho más atractiva que cualquier ciudad del país. Falta trabajar en la oferta cultural que haga que el turismo venga y se quede más tiempo en ella. El gobierno de Michoacán, en vez de incrementar los recursos de la Secretaría de Cultura lo han disminuido casi a cero. Resulta que a Morelia han dejado de venir exposiciones que la prestaban gratuitamente para exhibirse en el Palacio de Clavijero por no contar con la infraestructura básica museística.  porque el gobierno no está dispuesto a invertir cincuenta mil dólares en algo que queda ya instalado para siempre. Prefieren no traerla que invertir en algo que es absolutamente necesario. Por otra parte resulta absurdo que hagan el esfuerzo por traer exposiciones como la de Rodín y que no cobren la entrada. La cultura se entiende en este Estado como una dádiva populista. Yo no estoy en contra de que a los michoacanos se les de un descuento del 80% y que dejen pasar gratis a los niños, maestros y personas de la tercera edad, pero ¿Por qué no cobrarles a los extranjeros que vienen a visitar nuestra ciudad y que estarían dispuestos a pagar su entrada como lo hacen en cualquier parte del mundo? ¿Por qué dejar de percibir ese dinero que tanta falta hace para ser aplicado en muchos más programas culturales o educativos o simplemente en infraestructura, sistemas de controles y seguridad de los mismos museos? Es increíble ver el estado en el que se encuentran muchos de los edificios que albergan a los principales museos. Mal iluminados, focos fundidos, pésima museografía, objetos sin cédulas, no hay catálogos disponibles, los baños sucios y descuidados sin papel higiénico, sin jabón y sin toallas o secadores para las manos, poca vigilancia, basura expuesta, objetos tirados en los patios que deberían estar guardados en bodega dando con ello una pésima imagen. Y ¿así queremos que venga el turismo internacional? Para mí ha sido increíble constatar que en este Congreso de Cultura más de la mitad de los que van al baño no limpian el sanitario y no se lavan las manos antes de salir. ¿Hablamos de cultura o de incultura? La cultura se ve manifiesta en el orden, en la limpieza, en las buenas maneras, en la forma de comer, en el aseo personal. No es posible fomentar el desorden, la mugre, las malas maneras, el desaseo dentro de las principales instituciones de cultura. La excusa siempre es la misma no tenemos dinero para comprar papel de baño ni para comprar focos. Si esto fuera cierto ¿qué esperan para cobrar la entrada y con ello ayudarse a solventar los gastos mínimos de higiene y de mantenimiento de los edificios? ¿Acaso no hay manera de hacerle entender esta situación a los señores Secretarios de Cultura y de Turismo, al señor Gobernador y a los señores diputados? ¿Acaso piensan seguir sumidos en la mugre para siempre? Con todo respeto, me parece absurdo que se gaste el poco dinero en traer espectáculos, sean conciertos, danza, ópera u otros, pagándoles a los artistas o empresas, además de sus honorarios, viáticos, hospedaje y demás. Cuando esto sucede lo que estamos haciendo es que nuestro poco dinero se vaya a otra parte en vez de apoyar a nuestros artistas para que adquieran el nivel necesario para que puedan ir luego a otras partes a presentar su arte y traerse ese dinero para acá. Con su consabida distancia esto es un poco lo que hace la empresa Cinépolis. Es una empresa moreliana que hace venir a Morelia el dinero que la gente gasta yendo al cine en otras muchas partes de la República Mexicana. Como política de Estado debería establecerse que sí se pueden traer grandes espectáculos, conciertos, grupos de danza, etc. sólo cuando se garantice que dichos eventos serán autofinanciables o dejarán alguna utilidad a la ciudad. Puede establecerse como política que El Estado realice convenio con las empresas no poniendo dinero del erario público, y estableciendo que El Estado dará las facilidades y las autorizaciones necesarias a cambio de un 15 % de las entradas. De esta manera la ciudadanía sigue teniendo la opción de asistir a estos espectáculos y el Estado la posibilidad de incrementar sus ingresos. Lo que hace falta en el terreno de la administración cultural es creatividad, es usar el cerebro, tener buenos asesores y buenos operadores, pero ante todo políticas culturales muy claras. En el mundo existen muchos programas culturales y artísticos económicamente exitosos. Desde luego son programas que tienen ambición, que nacieron soñando en el éxito. Pongamos el caso del Museo Papalote, es un museo autofinanciable, incluso gana dinero con el cual emprende nuevos proyectos. El Museo Guggenheim de Bilbao. Siendo Bilbao una de las ciudades menos interesantes de España, le apostaron a la construcción de este museo que los puso en el itinerario de viaje de muchísimos turistas que de no ser por éste museo nunca hubieran ni siquiera tenido la intención de visitar esa ciudad. El Museo de Santo Domingo de Oaxaca. Le invirtieron cinco millones de dólares a su restauración y, medido en términos de lo que esto incrementó el turismo en la ciudad, la recuperación la lograron en tan solo ocho meses y siguen recibiendo una cantidad de turismo extranjero que sigue dejando una muy jugosa derrama económica a la ciudad. Veamos el caso de la ciudad de Zacatecas, siendo un pueblo minero abandonado de diecinueve mil habitantes hace treinta y cinco años, gracias a los esfuerzos de un solo hombre, Don Federico Sescosse, por restaurar los edificios, abrir museos, revalorar a sus artistas, dicha ciudad ha renacido y sigue teniendo una enorme cantidad de visitantes mexicanos y extranjeros, mismos que han permitido que la ciudad se desarrolle como toda una empresa turística. Lo que yo he percibido en Michoacán es una gran tibieza por parte del Ejecutivo, no he visto hacer, ni sabido que exista ningún proyecto realmente ambicioso. Tomo como ejemplo la restauración del ex convento franciscano de Tzintzuntzan, proyecto que pudo haber tenido un fuerte impacto sobre la región y para el cual se había conseguido un patrocinio de un millón de dólares por parte de la Generalitat de Valencia en España. El gobernador prefirió que se perdieran Ocho millones seiscientos mil pesos de esa ayuda, que a ningún mexicano le había costado nada, solo por no tener la voluntad política de exigir que se hiciera una reunión para aclarar un malentendido provocado por el señor Alberto Suárez Inda, obispo de Morelia y por la señora Josefina Laris, asistenta personal de la esposa del gobernador. Esta atrocidad cometida en contra del pueblo mismo de Tzintzuntzan, hizo que el dinero asignado para dicho proyecto se regresara al fisco español, no pudiendo por cuestiones legales aplicarse para ningún otro proyecto. Igualmente con esto se ha provocado que muchas otras ayudas solicitadas al gobierno español que estaban en trámite o que se han solicitado posteriormente para proyectos de desarrollo social no se estén otorgando en detrimento de todos los michoacanos. El ex convento franciscano de Tzintzuntzan, siendo el primer convento católico construido en el Occidente de México, justo en el lugar que ocupaba la capital del reino purépecha, bien podría utilizarse para hacer ahí el gran Museo de la Cultura Purépecha y el Centro de Investigaciones de la Cultura Purépecha, mismo que podría impulsar el conocimiento de la cultura indígena que caracteriza a Michoacán y que ayudaría al desarrollo de esa región como punto turístico de importancia. Al parecer allí no se puede hacer nada porque el señor obispo equivocadamente piensa que el edificio le pertenece a la diócesis y se opone a que se use en algo mucho más positivo como pudiera ser un gran museo, cuando en realidad el edificio le pertenece al Patrimonio de la Nación y el obispo ha mantenido el ochenta por ciento de sus áreas cerradas por muchos años. Resulta igualmente raro que el Gobierno del Estado esté aportando cuantiosas sumas de dinero a través de la Secretaría de Urbanismo y Medio Ambiente y de la Secretaría de Desarrollo Social a la restauración de este edificio que pertenece al Gobierno Federal (Patrimonio de la Nación) para uso y beneficio del clero, cuando la iglesia no ha aportado ni un solo peso, ni se ha ocupado nunca de darle mantenimiento a dicho inmueble. Es un dinero del Estado pésimamente invertido pues no generará mayor beneficio económico a los habitantes del pueblo de Tzintzuntzan ni de Michoacán. Así como hay proyectos culturales muy exitosos hay otros por demás aberrantes. Lo peor es cuando las autoridades se sienten todopoderosas y de manera por demás arbitraria toman malas decisiones sin pasar por el filtro y la opinión de un grupo de promotores culturales profesionales. Si realmente como lo han expresado las autoridades estatales en múltiples discursos estuviesen a favor de la democracia, habrían de crear el Consejo para la Cultura de Michoacán, con carácter de organismo público descentralizado, integrado por especialistas en la materia, como el órgano rector de las políticas culturales del Estado y el órgano que determine cómo distribuir los dineros entre los distintos programas culturales, acorde a lo que los especialistas hayan predeterminado como políticas del Estado. La cultura debe de ser manejada por profesionales y administrada por expertos en administración de la cultura no por personas improvisadas que aunque hagan su mejor esfuerzo y tengan las mejores intenciones nunca lo podrán hacer mejor que ellos. Un gobernador salvo muy honrosas y raras excepciones tiene la capacidad para entender siquiera el fenómeno cultural. No es suficiente tener una sonrisa carismática para tomar las mejores decisiones en materia de cultura, hay que ponerse, como en muchas otras áreas en manos de especialistas. Cada programa cultural tiene una orientación distinta. Hay algunos cuyos costos se van a fondo perdido. Sin embargo hay otros que pueden incluso generar recursos como lo son la radio y televisión estatales, los museos, las exposiciones, los conciertos, etc. Hoy por hoy ningún gobierno estatal en México hace nada por allegarse fondos a través de la cultura siendo que esto es posible. Si bien no en todos los programas se puede recuperar el cien por ciento de la inversión, al menos se puede recuperar un porcentaje por pequeño que éste sea. Estos recursos rescatados pueden servir para lo mismo: hacer otros programas culturales, otorgar más becas a los creadores, organizar cursos y seminarios, promover becas al extranjero, etc. Otro aspecto que tiene que ver con la aplicación de los recursos es el nivel de eficiencia de los empleados de la Secretaría de Cultura y de otras Secretarías. Al tratarse de personal sindicalizado se sienten intocables aún a sabiendas de que están robando al erario público. Si una persona trabaja solo tres horas efectivas o menos, en un día, en vez de ocho como lo marca la ley, está dejando de hacer cosas y por ende está recibiendo un salario que no le corresponde. Por lo general en ninguna oficina de gobierno se lleva control y medida de la eficiencia de sus empleados. Existe un bajísimo nivel de eficiencia o un alto nivel de ineficiencia que por falta de controles y quizás, demasiada tolerancia por parte de la Contraloría no se atiende y no se clasifica como robo a pesar de que muchos empleados rinden menos de un cuarenta por ciento de lo que deberían. El nivel de desarrollo o subdesarrollo de los pueblos se mide con parámetros similares orden – desorden, legalidad – corrupción, higiene – suciedad, respeto – agresión, nivel de educación – analfabetismo. Con el presupuesto para cultura y para educación más que traer espectáculos debemos preocuparnos por hacer campañas de concientización sobre el no tirar basura en la calle o áreas abiertas, por enseñarle a la gente nociones de higiene personal básica, por enseñarles el respeto al entorno, a la propiedad ajena, enseñarles el respeto a los derechos de los demás y a las leyes. Debemos hacer una gran labor para que todos los niños y adolescentes vayan a la escuela y por mejorar la calidad de los maestros. Da vergüenza ver a los maestros como van vestidos a dar sus clases, desaseados, utilizando un vocabulario soez. Da vergüenza ver a los policías yendo en patrullas sucias, golpeadas, mal afinadas, echando humo por el escape, o verlos estacionados, mal fajados, tomando cervezas dentro de las patrullas andando uniformados y en horas hábiles. Da vergüenza igualmente ver al diputado presidente de la comisión de cultura, presentarse a moderar una mesa de este Congreso de Cultura sin rasurar, mal vestido y comiendo tortas con la mano frente a todos los asistentes en la misma mesa de los panelistas. Da vergüenza ver llegar al señor Gobernador en blue jeans y camisa a un acto de gran protocolo, frente a altos dignatarios de otros países, cuando todos sin excepción andan de traje y corbata. Da vergüenza ver al señor Secretario de Cultura pasearse ante las miradas de todos los asistentes presumiendo un aparatito electrónico colgado de la oreja, (posiblemente la última versión de I POD en el mundo) en jeans y con una boina en la cabeza a la Che Guevara. ¿Qué no habrá manera de cuidar un poco más las formas? ¿Qué no tienen referencias de cómo se presenta la gente de cultura en foros similares en el resto del mundo? ¿Para qué, si no para esto, sirve la educación y la cultura? En mi manera de entender es posible que estemos ante nuevos paradigmas, mismos que tienden a imitar al hijo del pueblo y no a las personas educadas y con clase. Nuestros gobernantes están queriendo confundirse entre la masa antes que ser señalados como personas elegantes o hijos de la plutocracia. ¿Es acaso el disfraz de la izquierda latinoamericana? ¿Es acaso que pareciéndose en el atuendo a las mayorías populares se sienten más cerca de ellas? o ¿Será acaso que en verdad son parte a ellas? Quisiera pensar que no, que nuestras autoridades tienen otro nivel de preparación y otra manera de entender y de leer los fenómenos culturales y que en realidad si conocen las reglas del protocolo y las buenas maneras. Algunos me recordaran el dicho: “El hábito no hace al monje” y tendré que responder: “Pero lo distingue de orden” Se que con estos comentarios me he salido un poco del tema principal que nos ocupa en esta mesa, sin embargo considero que todo esfuerzo de comunicación es inútil y será infructuoso si a nuestras autoridades les importan poco las formas y los protocolos. Si no demuestran su educación y su cultura en cada acto público al que asistan. Puesto que si de lo que se trata es de fijar la política de darles dinero mensual a todos los artistas, escritores y bailarines, a la manera de López Obrador con sus viejitos estamos perdiendo todos el tiempo.   Resumiendo diré que: 1.- Es necesario dejar el diseño de las políticas culturales del Estado en manos de profesionales culturales representantes de los distintos sectores de la sociedad civil mediante la transformación de la Ley que cree un organismo público descentralizado que pudiera denominarse Consejo Para La Cultura de Michoacán. 2.- Es necesario que los presupuestos se ajusten a los programas orientados a cumplir las metas propuestas por el Consejo. 3.- Es necesario insistir en que cualquier espectáculo que se quiera traer del exterior para presentarse en cualquier ciudad de provincia deberá ser autofinanciable o rentable. 4.- Es necesario mejorar sustancialmente en cantidad y calidad los Museos e Instituciones de Cultura en los estados, dejando que se alleguen recursos mediante distintos cobros por concepto de entradas a museos o espectáculos que presenten dentro de sus instalaciones, afín de que tengan dinero para mantener limpios sus espacios, comprar focos, papel higiénico, jabón, toallas de mano, hacer closets y mantener sus edificios con dignidad. 5.- Es necesario exigir una mayor eficiencia en el desempeño de los puestos de todos los burócratas sin excepción. De otra manera es como si solo llegara el treinta por ciento del agua a las casas por las fugas de las tuberías en la red urbana. 6.- Es necesario que el organismo encargado de la Cultura en los estados realice proyectos con grandes propuestas que sean capaces de movilizar hacia sus ciudades a grandes cantidades de turistas culturales. Si para ello fuese preciso trabajar en conjunto con la Secretaría de Turismo, hacerlo con la mejor disposición de lograr una sinérgia positiva entre las dos oficinas. 7.- Es necesario que todas nuestras autoridades se preocupen por mejorar su manera de presentarse en público y adecuar su vestimenta al tipo de evento que corresponda; que hagan el esfuerzo por cuidar las formas y su comportamiento para no dar un mal ejemplo y no hacer pasar pena ajena a sus conciudadanos. En su casa que hagan lo que quieran y como quieran pero no cuando están representando a una comunidad. 8.- Es importante que los señores gobernadores y los Secretarios de Cultura se hagan asesorar por expertos en la materia antes de tomar decisiones como la de arreglar con dinero de las arcas estatales el edificio de Tzintzuntzan que pertenece al Gobierno Federal para uso y beneficio del clero. 9.- Es preferible que los gobernadores le hagan frente a los problemas entre los distintos actores a querer nadar de muertitos y dejar que los problemas se hagan más grandes y se acaben perdiendo apoyos internacionales ya otorgados.   Muchas gracias. Dr. Eduardo Rubio Elosúa. Doctor en Historia del Arte Promotor y administrador de la cultura   Morelia, Michoacán a dieciocho de marzo del año dos mil seis.

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